¿Qué es traducir?

Es una gran pregunta, ¿verdad? Y además resulta relevante en una página y blog como este.
Pues bien, es una pregunta tan antigua como el lenguaje mismo y tiene múltiples respuestas y matices. Si vamos al diccionario, encontraremos definiciones como: “Expresar en una lengua lo que está escrito o se ha expresado antes en otra.” Y leído así, hasta parece algo sencillo, algo que los traductores automáticos han convertido en un acto mecánico, como si fuera una calculadora, una ciencia exacta en la que no se tiene en cuenta el factor tan humano y moldeable que caracteriza al lenguaje.

También podríamos hablar de la diferencia entre traducción e interpretación. Pero para este texto asumiremos que son una misma cosa.

Los grandes teóricos de la traducción han ido aportando matices a lo largo de la historia hablando de equivalencias, niveles del lenguaje, acto de comunicación o fronteras culturales.

Algunas de las definiciones más destacadas son:

«La traducción consiste en reproducir, mediante una equivalencia natural y exacta, el mensaje de la lengua original en la lengua receptora, primero en cuanto al sentido y luego en cuanto al estilo.» (Eugene Nida y Charles Taber, 1974)

«Muchas veces, aunque no siempre, es verter a otra lengua el significado de un texto en el sentido pretendido por el autor.» (Peter Newmark, 1988)

«La sustitución del material textual en una lengua (LO) por material textual equivalente en otra lengua (LM)» (John Cunnison Catford, 1965)

“La traducción en su sentido estricto es el reemplazo de un mensaje, codificado en un idioma natural, por un mensaje equivalente, codificado en otro idioma”. (Gideon Toury, 1980)

Lo que demuestra esta diversidad de definiciones no es otra cosa que la gran complejidad de este proceso aparentemente sencillo en el que no hay una mera traslación semántica, palabra por palabra, sino que intervienen muchos factores lingüísticos, culturales o estilísticos.

Es muy importante conocer la lengua de origen, pero también la cultura, así como el contexto y el ámbito en el que se emite el mensaje. Igual de importante es conocer en profundidad la lengua meta y toda su variedad para poder plasmar ese mensaje de la manera más apropiada.

Para mí, traducir es hacer accesible a las personas que desconocen, o no conocen lo suficiente, el idioma de origen en el que se enuncia un mensaje de la manera más natural posible.  De algún modo, se trata de crear la ilusión de que ese mensaje fue enunciado en el idioma de destino, tendiendo así puentes entre las lenguas y culturas, enriqueciéndonos unas comunidades de otras. Cuando la intervención del traductor pasa desapercibida, entonces nos encontramos ante una buena traducción.